Alien Covenant

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Juan Pablo Richter

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 ALIEN 
 Covenant 

 
El otro día leí un artículo en Indiewire* acerca de la necesidad de “dejar ir” aquellas exitosas películas que han sobrevivido al paso del tiempo convirtiéndose en clásicos de la cinematografía hollywoodense, logrando tener grupos masivos de fanáticos alrededor del mundo. El artículo hablaba, específicamente, de las sagas de “Piratas del Caribe” y “Alien”.


Me quisiera quedar con esa idea de “dejar ir”. Desde mi punto de vista, esto tiene que ver con el daño que las precuelas y secuelas eternas le han hecho a estos clásicos; ese interminable hecho de producir y refritar, hasta el hastío, lo que en su momento fueron tramas sorprendentes, personajes interesantes y experiencias inolvidables (pero que ya no lo son)  sólo por dinero.


En 1979 se estrenó Alien: el octavo pasajero, primera película de la saga. Contaba la historia de una nave espacial que en su regreso a la Tierra recibe una transmisión desconocida de lo que parece ser una llamada de auxilio. Así, una vez ubicada la procedencia de dicha transmisión, la nave aterriza en un lugar desconocido y los tripulantes se encuentran con una forma de vida (los Aliens) que tiene toda la intención de destruirlos.


Al lograr escapar del planeta, varias muertes por detrás, los pasajeros restantes descubren que uno de estos Aliens está en la nave y así, vuelve el caos hasta que todo termina en esa épica escena en la que Ripley (Sigourney Weaver) se deshace del monstruo.


En 2017 se estrena Alien: Covenant; una película que, salvo variaciones en las formas y en la cantidad de muertes, cuenta exactamente lo mismo.


Es cierto que en Covenant no es Ripley, la heroína, sino David (Michael Fassbender), el traidor, quien sobrevive, pero esto no sólo es predecible sino que no tiene ningún verdadero valor más allá de justificar la siguiente, o las siguientes, películas de Alien que vendrán.


No tuve la suerte de ver Alien: el octavo pasajero en las salas de cine, pero ese terror que produce el mal que no se ve, el estar solo en un lugar donde nadie puede escucharte o los “infernales” seres de H. R. Giger, fueron igual de efectivos en mi VHS y en mi tele Sony Trinitron. Lo sé porque hasta el día de hoy, mientras escribo esto, me acuerdo de esa sensación.


Es una película que sorprende en todo momento, no era complaciente y se arriesgaba; esos seis minutos “silenciosos” del comienzo, de pasillos vacíos y humanos dormidos, dialogan con las inolvidables 2001: una odisea del espacio de Kubrick y Solaris de Tarkovski. De alguna manera, con sus diferencias, Alien: el octavo pasajero es también una obra maestra de la ciencia ficción y del cine.


A mi parecer, Alien: Covenant no sorprende en nada, no da miedo nunca, es bastante aburrida y, sobre todo, es innecesaria. Si me preguntan qué es lo que me acuerdo, les diría que nada. Bueno, una cosa, la gran actuación de Michael Fassbender, aunque esto tampoco es una sorpresa.


Vuelvo al artículo de Indiewire: hay que “dejar ir” a Alien, a Star Wars, a Indiana Jones; ya no son necesarias… Que su valor no termine de desaparecer en la era de Game of Thrones, Mr. Robot y de Stranger Things, que homenajean y revisan, pero a la vez sorprenden y transforman.



* Indiewire es una revista digital de cine (www.indiewire.com).