Björk, la superlativa

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Pedro Pablo Silón

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 BJÖRK 

La superlativa


Cada generación suele contar con un puñado de genios que iluminan el camino a seguir y desarrollan el lenguaje artístico, llevándolo al paradigma siguiente. Pero muy de vez en cuando aparece un tipo diferente de creador. Aunque se los emula constantemente, cada intento de imitación termina siendo nada más que una pálida sombra de su fuente. Los superlativos parecen obedecer a sus propias reglas, a su propia corriente, y la única lectura posible sobre su obra obedece a las leyes que ellos mismos han establecido en su microcosmos personal. Desde que asomó en el firmamento musical a fines de los años 70, Björk se ha convertido en la encarnación misma de la vanguardia y la innovación tecnológica, sin por eso dejar de lado una asombrosa capacidad visual, poética y vocal.

Antes de la explosión que significó Debut, su primer álbum solista en las grandes ligas, Björk ya se había hecho un nombre como vocalista de The Sugarcubes, la banda de rock más importante que ha dado su país: Islandia. Incluso antes de eso, Björk venía de participar en un sinfín de proyectos de todo tipo, desde las conformaciones de post-punk Tappi Tíkarrass y Kukl, hasta un exitoso disco de jazz con el título de Gling-Gló.

Luego de la disolución de The Sugarcubes, la cantante islandesa se trasladó a Londres con la intención de iniciar una carrera solista por lo alto. Tras reclutar a Nellee Hooper, uno de los productores más sobresalientes de la escena de trip-hop británica, Björk lanzó “Human Behavior”, su primer sencillo de éxito internacional. Algunas semanas después salió Debut, que contaba con otros cortes fundamentales como “Venus as a Boy” y “Violently Happy”.

Después de diversas colaboraciones, incluido el tema “Play Dead” para el film The Young Americans y una canción para el álbum Bedtime Stories de Madonna, en 1995 Björk volvió al ruedo con su segundo álbum solista: Post. A Hooper se sumaron otros grandes nombres en la producción, como Tricky, Graham Massey, 808 State y Howie B. Björk profundizó su exploración de ritmos techno y de dance (“Army of Me”), pero también llegaron canciones de otras vertientes, como la exitosa “It’s Oh So Quite”, que además contó con un sensacional videoclip dirigido por Spike Jonze.

El siguiente paso fue Homogenic, ampliamente considerado como uno de los mejores discos de los noventa. Grabado en España con Mark Bell como cómplice central en la producción, esta obra maestra de 1997 muestra a Björk dando rienda suelta a su paleta musical y emocional. Las cuerdas se combinan con beats abstractos, desde la genialidad de “The Hunter”, a la reminiscencia islandesa de “Jóga”, pasando por la apoteosis de “Bachelorette”, cuyo video fue realizado por Michel Gondry, uno de los principales colaboradores de Björk a lo largo de los años.

En 1999, el director Lars Von Trier convocó a Björk para que compusiera la música de Dancer in the Dark, su siguiente película. Después de un tiempo, el realizador danés la invitó a asumir el rol de Selma, la protagonista de la película. Björk aceptó y terminó llevándose la Palma de Oro del Festival de Cannes como mejor actriz. Además, la magnífica música del film fue publicada como álbum con el título de Selma’s Song.

Sus siguientes discos la encontraron en su mejor forma artística. El sublime Vespertine, del año 2001, la vio adentrándose en los paisajes atmosféricos de su país, utilizando orquestas de cámara, voces susurradas, harpas y cuerdas. Luego, en 2004, vio la luz Medúlla, creado casi por completo a partir de la voz humana.

Su siguiente álbum de estudio fue Volta, que en muchos sentidos significó una vuelta al dinamismo pop de sus primeros trabajos, aunque tratándose de Björk todo resulta algo más complejo de lo que parece.

Su siguiente proyecto, Biophilia, llevó las ambiciones de Björk mucho más allá del terreno puramente musical. La ciencia y la naturaleza cobraban vida a través de una exploración tecnológica que incluía aplicación de software y hasta instrumentos especiales hechos a medida para el proyecto.

A principios de 2015 fue lanzado uno de sus discos más logrados y a la vez más perturbadores: Vulnicura. Tras la ruptura de su relación de trece años con el artista estadounidense Matthew Barney, Björk transmutó su dolor en un disco profundo, oscuro y poderoso. Uno de sus trabajos más imprescindibles sin duda.

El pasado 24 de noviembre llegó Utopia, su último álbum de estudio a la fecha. Björk volvió a contar con la colaboración del productor venezolano Arca, que ya había participado en Vulnicura. Pero si aquel disco se edificaba sobre arreglos de cuerdas y pasajes desgarradores, Utopia apuesta por la esperanza de un amor en ciernes y flota sobre el sonido de flautas y synths atmosféricos, que conviven con las voces de aves islandesas y venezolanas. El “aire” lo envuelve todo, y Björk parece sonreír.