Fever Ray, plunge desear es humano

imagen

Laura Ede

Compartir en:


 FEVER RAY 

Plunge desear es humano


La cantante sueca Karin Dreijer nos puso los pelos de punta cuando sacó el álbum debut de su proyecto solista, conocido como Fever Ray. Su esencia sobrenatural iba acompañada de percusiones atmosféricas, perturbadores sonidos que parecían sacados de cuentos de hadas nórdicos, y su inconfundible voz, aunque esta vez, sin esconderse tras los poderosos synths característicos de The Knife, el célebre proyecto que fundó en 1999 junto a su hermano Olof.

Han pasado ocho años desde entonces y entre tanto, el año 2013, The Knife sacó su último álbum, Shaking the Habitual, en el que el dúo de hermanos se enfocaba en cuestionar las normas y romper las expectativas de la sociedad, como lo sugiere su nombre. Musicalmente, también tomaban un rumbo diferente a su anterior álbum, Silent Shout. Mientras que aquel disco optaba por un claro sonido synth-pop bastante cuadrado, éste reflejaba una odisea de improvisación de sonidos.

Inesperadamente, cuando el álbum auto titulado Fever Ray se había quedado como un recoveco onírico, Karin Dreijer vuelve, con el mismo espíritu desafiante que The Knife tuvo hace cuatro años. No esperes a esa mística bruja semi humana que nos encantó con “If I Had A Heart”, canción que se hizo aún más conocida con la serie de History Channel, “Vikings”, si eres fan de las historias épicas.

Este año, con su álbum Plunge, la escandinava se presenta más humana y más cruda que nunca. Es casi increíble pensar que es la misma artista que nos derritió el corazón con su hit “Heartbeats” hace tantos años. Las ideas de fuerzas energéticas y trascendentales que emanaba antes, se convirtieron en fuerzas carnales que explotan de agresividad. Utilizando la lujuria y el deseo como su motor, Fever Ray saca a la luz temas políticos como el aborto, la estigmatización de lo queer, lo que sale de la norma, lo pervertido, lo sexual.

A muchos nos tomó por sorpresa su primer sencillo, “To the Moon and Back”, cuando Dreijer canta con toda claridad “I want to run my fingers up your pussy!”. Nunca antes la artista había sido tan libidinosa y escandalosa, y éste es el sencillo que sienta la base para un álbum eufórico, que bordea la manía y la locura, a veces disonante, pero más que todo audaz.

Plunge se siente mucho más amenazante que su predecesor, con inquietantes y oscuros synths y fuertes imágenes con contenidos sexuales y políticos.

No obstante, si de algo realmente habla este álbum, aún si es de la manera más subversiva posible, es del amor. Así como lo explica en el manifiesto que publicó cuando anunció su álbum, el amor es un concepto construido por la sociedad como si fuera una meta máxima en la vida. Sin embargo, esto no es necesariamente cierto. Los seres humanos nos podemos sentir realizados con o sin amor. Plunge explora cuánto de este concepto es parte de la naturaleza humana y cuánto está basado en las expectativas sociales. Explora las maneras en que el sentimiento es mitigado y reprimido por contratos políticos y morales que lo estigmatizan generando vergüenza. Enfatiza lo libre que puede ser el amor y cómo se lo injuria cuando no cumple con las normas de género.

Dreijer logra proyectar todas estas ideas un poco difíciles de asimilar, deconstruyendo no sólo lo que es el concepto de amor, sino lo que significa sentirlo. El resultado es una de sus obras más dementes y fascinantes. Su voz está al frente en la mezcla, como para enfatizar su versátil dicción y sus extrañas distorsiones vocales. El arsenal musical que la acompaña es familiar pero aun así es penetrante e impredecible. El álbum se desenvuelve de una manera en la que deliberadamente cuestiona el statu quo, crea huecos en los que nos da armonía, examina todos los ángulos al mismo tiempo y se vuelve a enredar entre ellos. Plunge tiene un lado maligno y siniestro, pero también un lado crudamente expresivo y liberador.