Foo Fighters, el rock pervive

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Pedro Pablo Siles

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 FOO FIGHTERS 

El rock pervive


Aunque no esté precisamente muerto, el rock anda de capa caída. Hace mucho tiempo que no marca el pulso de las juventudes y que no genera un espíritu de quiebre real. Hay muy pocas bandas que sepan cómo desmentir este lugar común travestido de regla, y entre ellas, quizás la primera que viene en mente sea Foo Fighters.


Nacida de entre las cenizas del movimiento grunge, la banda de Dave Grohl ha sabido reinventarse varias veces sin perder la honestidad y el poderío que los caracteriza. Con el tiempo, la personalidad humilde y extrovertida de su líder ha generado un halo de “héroe” del rock en torno suyo, aunque suene algo antojadizo decirlo.


Foo Fighters se fundó tras la muerte de Kurt Cobain, a principios de 1994. Grohl, que había sido baterista de Nirvana desde 1990, optó por pasar delante de los parches para sacar a la luz las canciones que había estado componiendo durante años a la sombra de Cobain. El primer disco fue grabado enteramente por Grohl (a excepción de un mínimo pasaje de guitarra), aunque siempre tuvo la intención de rodearse de otros músicos, como indica el nombre en plural del proyecto extraído de la terminología utilizada en la Segunda Guerra Mundial para hacer referencia a los objetos voladores no identificados.


Grohl no perdió tiempo en reclutar un equipo para presentar el material en vivo y formar una banda propiamente dicha. Convocó a Pat Smear, guitarrista de apoyo de Nirvana, al bajista Nat Mandale y al baterista William Goldsmith. Después de meses de gira, la banda volvió a Seattle para registrar la que sería su primera obra capital: The Colour and the Shape. Con la grabación bajo el brazo, Grohl viajó a Los Ángeles para hacer mezclar el disco y hacer tomas adicionales, pero, descontento con el sonido de la batería, decidió regrabar prácticamente todas las tomas que había hecho Goldsmith. Aunque no fue echado de la banda, éste se sintió tan ofendido ante el hecho, que decidió renunciar a la banda. 


Ni corto ni perezoso, Grohl llamó al extraordinario Taylor Hawkins, que en ese momento trabajaba como baterista de Alanis Morissette. La alineación parecía cuajar finalmente, pero Smear anunció que daba un paso al costado, alegando que se encontraba exhausto. Frank Stahl, ex compañero de Grohl en la banda Scream, tomó su sitio durante los siguientes meses.


En 1998, Grohl llevó a la banda a su estado natal de Virginia para grabar su siguiente álbum. Lastimosamente, Stahl y los demás no congeniaron a la hora de componer, por lo que el guitarrista fue excluido del grupo y el trío restante concluyó el proceso sin él. There is Nothing Left to Lose de 1999 confirmó el gran momento de Foo Fighters con sencillos inolvidables como “Learn to Fly” (mención aparte para el divertidísimo videoclip del tema).


Nuevamente fue necesario reclutar un guitarrista principal y Chris Shiflett fue invitado a la banda, primero como músico de apoyo en las giras y luego como miembro de pleno.


A fines de 2001, después de colaborar con los miembros de Queen en estudio y sobre el escenario, Foo Fighters encaró la producción de One by One. Sin embargo, la grabación no terminó de satisfacer al grupo, que, sumido en problemas internos, llegó a considerar la ruptura. Grohl pasó una temporada junto a Queens of the Stone Age [ver BANG! 8], y cuando todo parecía perdido, la banda decidió regresar al estudio para regrabar su cuarto álbum. Finalmente, en octubre de 2002, One by One fue lanzado con gran aceptación de crítica y público. Los cortes del disco -“All my Life”, “Times Like These” y “Low”- se han convertido en clásicos incuestionables de “Foo”.


El siguiente paso fue algo distinto. Partiendo de un conjunto de canciones acústicas que inicialmente Grohl pretendía grabar solo, la banda terminó grabando su primer disco doble, el primero con canciones acústicas y el otro con sonidos de rock distorsionado. In Your Honor fue lanzado a mediados de 2005 y la subsiguiente gira fue registrada en el disco en vivo Skin and Bones, de 2006.


Las dos siguientes producciones implicaron la consagración definitiva. Echoes, Silence, Patience & Grace de 2007 les valió un Grammy al Mejor Disco de Rock del año y otro para la Mejor Canción Rock (“The Pretender”). Entre medio, Grohl y Hawkins compartieron escenario con miembros de Led Zeppelin y grabaron varios temas en su estudio de Los Ángeles, aunque la mayoría fueron archivados. Después de un compilado (Greatest Hits, 2009), Foo Fighters convocó a Butch Vig para que produjera la obra maestra de la banda: Wasting Light, de 2011. Con Pat Smear de nuevo a bordo como miembro de tiempo completo, los “Foo” pasaron los dos siguientes años de gira, promocionando el material de su mejor álbum a la fecha.


En 2013, tras nuevos rumores de separación, Grohl y sus músicos empezaron a preparar el disco sucesor de Wasting Light. El proyecto terminó creciendo hasta convertirse en la banda sonora una serie de documentales dirigidos por Dave Grohl que retrata a la banda grabando ocho canciones en ocho diferentes estudios por todo Estados Unidos, procurando adoptar algo del sonido de cada lugar. Sonic Highways fue lanzado a fines de 2014, conmemorando el vigésimo aniversario de Foo Fighters. La sucesiva gira mundial llevó a dar la vuelta al mundo durante dos años. Hacia el final del tour, aprovechando su estadía en Austin Texas, los “Foo” grabaron un EP de cinco canciones con el nombre de Saint Cecilia, como regalo de agradecimiento a sus fans.


Concrete and Gold, el esperado nuevo álbum de esta gran banda norteamericana, acaba de ver la luz. Después de dos adelantos publicados durante los últimos meses (“Run” y “The Sky is a Neighborhood”), el noveno disco de estudio de Foo Fighters ya está aquí. Queda darse una vuelta por las plataformas digitales y subirle el volumen a los parlantes. El rock pervive.