John Mayer, la virtud de las contradicciones

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Pedro Pablo Siles

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 John Mayer 
La virtud de las contradicciones


Por momentos se hace difícil conciliar las diversas facetas de John Mayer. En él conviven el cantautor pop que arranca suspiros adolescentes con el héroe moderno de la guitarra blues; el coleccionista de relojes de lujo, con el filántropo que recauda miles de dólares en conciertos benéficos; el protegido musical de B.B. King, Eric Clapton y Buddy Guy, con el novio mediático de Katy Perry, Jessica Simpson y Taylor Swift; el autor de columnas de Esquire, con el internauta verborrágico de las redes sociales.


Mayer nació el año 1977 en la ciudad de Bridgeport, en el estado nororiental de Connecticut. Al ver a Marty McFly sacándole chispa a una guitarra en el final de Volver al futuro, el clásico de ciencia ficción de 1985, Mayer quedó fascinado con el instrumento y empezó a tomar clases particulares. Cuando un amigo del barrio le obsequió un casette de Stevie Ray Vaughan, inició un proceso retrospectivo de descubrimiento que lo condujo a empaparse de los grandes representantes del blues. Su temprana tenacidad le permitió dominar las seis cuerdas en unos años, y el joven Mayer se encontró sobre los escenarios locales antes de terminar el colegio.


Su innegable compromiso fue motivo suficiente para que se enlistase en la Berklee School of Music al terminar el colegio. Sin embargo, convencido por Clay Cook, su compañero de facultad, Mayer abandonó los estudios tras un par de semestres y se mudó a Atlanta junto a Cook para empezar a cimentar su carrera musical. Después de un tiempo el dúo se separó, pero quedaron algunas canciones y Mayer se sintió listo para dar su primer paso discográfico, que  llegó en 1999 con Inside Wants Out, un EP que daba tempranas muestras de su facilidad melódica y su ingenio lírico.


En 2001 vio la luz Room for Squares, su primer álbum de larga duración. Aunque inicialmente sólo se comercializó online mediante Aware Records, el sello que había reclutado a Mayer después de su aparición en el festival de South By Southwest, el álbum fue reeditado en grande gracias a la adquisición del sello independiente por parte de la gigante Columbia Records. El disco contenía cuatro temas regrabados del primer EP, así como “Your Body is a Wonderland”, canción que define su primera etapa y que le significó el Grammy a la Mejor interpretación pop masculina.


Heavier Things (2003), su segundo álbum, consolidó la propuesta de Room…, expandiendo un poco su sonido e incorporando letras algo más directas. El sencillo “Daughters” ganó el Grammy a mejor canción de ese año y todos se rindieron ante el talento del joven cantautor. El estrellato pop parecía asegurado, pero Mayer parecía tener otros planes…


Aunque ya había dado muestra de que sus intereses musicales iban mucho más allá de la sensiblería confesional de la primera etapa, así lo atestiguan sus colaboraciones con Clapton o B.B. King de esa época-, nadie parecía estar listo para la irrupción del John Mayer Trio, conformado junto al bajista Pino Palladino y al baterista Stave Jordan. En 2005 se publica Try!, un excelente álbum en vivo que deja muy en claro que las capacidades de Mayer como guitarrista y músico excedían con creces las expectativas que el público se había formado acerca suyo. Un año después llegó Continuum, su tercer álbum, quizá su mejor producción a la fecha. Las aparentes contradicciones musicales de su obra se resuelven con gracia y madurez, ampliando la paleta de estilos y sonidos de Mayer sin sacrificar su atractivo mainstream.


Su siguiente disco de estudio, Battle Studies, corrobora sus ambiciones, en este caso optando por adentrarse en el groove y el ambiente. Todo parecía bien encaminado cuando ocurrió lo impensable. El costado más frívolo de Mayer afloró durante una desafortunada entrevista para la revista Playboy. Las acusaciones de misoginia y racismo terminaron alejándolo de la luz pública a pesar de las numerosas disculpas y aclaraciones ofrecidas en público. En el proceso empezó a trabajar en Born and Raised, su siguiente proyecto, inspirándose en la música producida en Laurel Canyon, Los Ángeles, a fines de los años 60 y principios de los años 70. Pero un nuevo obstáculo apareció en el horizonte cuando le diagnosticaron un complicado granuloma en las cuerdas vocales. Aunque logró terminar las tomas de voz del disco después de una primera intervención, el granuloma volvió a aparecer y Mayer tuvo que pasar buena parte del 2012 recuperándose.


El siguiente álbum, Paradise Valley, llegó a mediados del año siguiente. Asentado en su nueva propiedad de Bozeman, Montana, el cantautor volvió a darse un chapuzón en los sonidos de Laurel Canyon. Luego, su profundo entendimiento del blues, el folk y el country lo llevaron a encontrarse con los sobrevivientes de la legendaria banda Grateful Dead. La química instantánea con Bob Weir y los demás integrantes generó una nueva encarnación del grupo bajo el nombre Dead & Company. Como parte del proyecto, Mayer ha participado en varios tours por Estados Unidos, y tiene programado ser parte de su gira de verano de este año.


En noviembre de 2016 salió “Love on the Weekend”, primer corte de su nueva producción de estudio. Un EP de cuatro canciones fue lanzado como primera entrega del disco. A principios de este año vino un segundo EP y en abril llegó el álbum completo. A Search for Everything, su disco más logrado desde Continuum, encuentra a John Mayer en plena forma artística, abrazando sus contradicciones y brincando entre géneros y estilos con fluidez y autoridad. La fase de Laurel Canyon parece haber nutrido al músico de un tipo de sosiego bucólico que ahora le permite integrar nuevas formas de expresión en su sonido. El cantautor melódico, el galán hollywoodense, el guitarrista inspirado y el talentoso explorador de la música norteamericana se fusionan, dialogan y por momentos se desdicen. Ahí emerge la mejor versión de Mayer; cuando lo inconciliable se pone de acuerdo para encontrar un todo.