Llajta Rock 2017

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Karloz De La Torre

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 Llajta Rock 2017 
 Un montón de gente  

Explotó todo este fin de semana. Escuchame, el Llajta Rock 2017 llegó y explotó todo. Mirá, fue llegar y entender que algo grande estaba pasando en el mARTadero, la cosa reventaba y eran 16, sí, 16 bandas nuestras en dos días.

Los recién llegados Ponchos Blues Band y Arsénico están arrancando con música propia y el pie derecho. Vi a Walkman por primera vez y hace rato que no podía escuchar a los Mandíbula; creo que ambos están en la búsqueda de algo propio que va a volarnos la cabeza. En eso mismo andan los Rugir del León y andan sonando mejor cada vez y creen en lo que hacen. No hay pared que pueda contra eso.

Y entonces entran los Oz y cada que los escucho me tiembla la fibra de fan. Yo creo que cuando Santiago Irazoque llegó al grupo, su cabezota chocó con la cabezota del Petrus y un montón de canciones sangrantes y geniales salieron de ahí. Bárbaro el show.

¿Y cómo no ponernos felices si en medio de la multitud, gritando las canciones de A Pie, uno se acuerda de que esos cracks, con canciones tan suyas que ya son nuestras, son, a parte de tremendo músicos, unos grandísimos tipos?

La primera noche la cerraron Armadura y la tremenda Daga. Vaya par de bandones, sólidos como el metal si se me permite la redundancia.

Ese viernes llegué a casa el sábado, qué quieres que te diga.

Y el sábado volvimos, por supuesto… Llegamos un poco tarde y sólo pudimos escuchar la última canción de los Wookie Dread, pero alcanzó para entender por qué la gente aplaudió tanto al final.

Nos fuimos directo al camarín porque ahí estaban los Animales de Ciudad y los Mammuts, cómplices de la música y la mala vida. Nunca deja de sorprenderme cómo estas personas que abajo están tranquilas, suben al escenario y se convierten en epicentros de energía y se iluminan mientras cantan sus canciones, y las cantan con toda la polenta que tienen y, cuando la suya ya no alcanza, dejan de cantar y escuchan cómo el público las canta enteras porque, de alguna forma mística, las está escribiendo el público también, en ese preciso momento, de nuevo y para siempre.

La Logia llegó desde Sucre y descontroló la casa. Canciones de plumas sensibles y malditas, y nosotros que volvimos a entender que hay algo que no puede fingirse, algo que está ahí o no está en ningún lado. Los simulacros desafinan aunque no fallen una sola nota y La Logia no simuló nada.

Sacrilegio y Matamba, cada uno a su tiempo y con estilo propio, dieron el cierre. La banda con más trayectoria de la grilla y la banda con el presente más fulminante, pura energía en los clásicos y energía pura sobre el escenario.

Al salir pude abrazar a Fer Daza Arce-Zenarruza, creador del festival, y agradecerle a él y a todo su equipo por el Llajta de este año y por los de todos los años anteriores. Alcanzó a decirme que ya al día siguiente arrancaba el Llajta Rock 2018. Y a mí me parece que hablaba en serio.

Y nosotros tuvimos la suerte de vivir la cosa desde los dos lados. Fuimos público agradecido y fuimos también banda en el ruedo. Tocamos nuestras canciones, las cantamos, las dijimos ante el público tremendo y fui un tipo feliz en el escenario, una vez más.

Fueron 16 bandas pero no miento si te digo que el verdadero protagonista de esas dos noches geniales fue el público.

Y pude ver algo más ahí, pude ver un montón de gente que está empezando a creer en que todo esto es posible. Vi que los músicos salían de ahí pensando que ante este público solo les quedaba volver a sus instrumentos y escribir más y mejores canciones. Vi que la gente empieza a creer que es normal que un grupo nuestro pueda componer canciones capaces de conmovernos a todos y, hacia delante, siempre hacia delante, vi que alguno de esos locos puede tener un hermano menor o una hija que van a crecer sabiendo que la música boliviana es un sueño posible, así como alguna vez lo creyeron los niños de Liverpool o de Seattle o de Buenos Aires o de tantos lugares. Vi chicos que van a recibir la música nuestra y escucharla con el corazón y no pude dejar de preguntarme, ¿por qué tardaron tanto?

Vi que las canciones son balas y esas balas hablan del presente y están hechas de futuro. Vi que ya estamos animándonos a saberlo. Vi que nuestro delirio está empezando a parecerse, paso a paso, a nuestra valentía.