Morrissey, el bardo gris

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Pedro Pablo Silón

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 MORRISSEY 

El bardo gris


Aunque por estos lares su nombre no resuena con la intensidad que le corresponde, resulta casi imposible concebir el rock británico de las últimas décadas sin la contribución de Morrissey. Su influencia como letrista y como cantante está presente en las principales bandas de britpop de los noventa y de la escena indie de los últimos años, aunque nadie ha sido capaz de igualar su trazo. A lo largo de 35 años de carrera, Morrissey ha formulado un sólido catálogo que pone en entredicho aspectos diversos de la sociedad británica, desde la cultura del dinero hasta la monarquía, pasando por el consumo de carne y el sexo. La nostalgia por el pasado y una visión gris sobre la modernidad se tiñen de humor negro y de un dramatismo afectado. Su timbre barítono se derrite en melismas improbables o se convierte en un sentido falsete mientras dibuja viñetas de vida cotidiana, de encierro, de relaciones fallidas y de erotismo frustrado.

Han pasado tres décadas desde la disolución de The Smiths a principios de 1987. Sólo unos meses después Morrissey empezó a trabajar en Viva Hate, su primer disco en solitario, y no ha parado hasta ahora. Tras publicar dos canciones de adelanto en septiembre (“Spent the Day in Bed”) y octubre (“I Wish You Lonely”), hace unos días finalmente vio la luz Low in High School, su undécimo álbum de estudio como solista.

Todo empezó en mayo de 1982, cuando un joven guitarrista llamado Johhny Marr llamó a su puerta preguntándole si quería formar una banda. Morrissey se había dado un chapuzón en la escena artística de Manchester con The Nosebleeds, aunque el proyecto sólo llegó a sacar un corte de difusión. También había coqueteado con la idea de dedicarse a la escritura a través del periodismo musical, llegando a colaborar con la revista semanal Record Mirror y a publicar dos pequeños libros, uno sobre James Dean y el otro sobre The New York Dolls.

Morrissey y Marr congeniaron maravillosamente. El nuevo dúo compositivo pronto empezó a producir canciones  y a visualizar una línea estética propia. Después de sumar a Mike Joyce en la batería y de decantarse por Andy Rourke como bajista, la banda estaba completa y lista para grabar. Primero llegaron los sencillos “Hand in Glove”, “The Charming Man” y “What Difference Does It Make?” La buena acogida de la prensa musical y un creciente grupo de seguidores allanaron el camino para su álbum debut  de 1984. El éxito no se hizo esperar y sólo algunos meses más tarde apareció Hatful of Hollow, un excelente compilado que reunía todos los singles y lados b que la banda había publicado hasta el momento, inaugurando una tendencia que Morrissey siguió alimentando como solista.

El año siguiente apareció Meat is Murder, el segundo álbum del grupo. Aunque el título  rendía testimonio de una de las causas centrales en la vida del cantante –Morrisey ha sido un vegetariano acérrimo desde los 11 años- el disco no llegó a colmar las expectativas que los primeros lanzamientos habían generado.

En 1986 salió The Queen is Dead, la obra maestra de la banda. Marr manejaba con dominio su paleta sónica mientras que Morrissey se mostraba más mordaz que nunca, vapuleando a la Reina y al sistema con más ingenio que cualquiera de los letristas punk.

El año sucesivo presenció la aparición del cuarto álbum del cuarteto, Strangeways, Here We Come, y de dos nuevas colecciones de sencillos. Pero el estrés y la debilitada relación entre Marr y Morrissey llevaron a la renuncia del guitarrista y a la posterior desintegración de una de las más grandes bandas alternativas de los años ochenta.

Aunque pueda argumentarse que Morrissey no ha vuelto a formar una sociedad creativa tan fructífera como la que tenía junto a Marr, lo cierto es que ha sabido rodearse de productores capaces para que lo ayuden a plasmar su obra solista. El primero fue Stephen Street, que había trabajado como ingeniero de grabación con The Smiths. Viva Hate de 1988 trajo consigo un par de hits (“Suedehead” y “Everyday Is Like Sunday”), demostrando que el cantante tenía mucha tela para cortar por su cuenta.

Morrissey inauguró la década del 90 con Bona Drag, una fantástica recopilación de sus primeros singles. Luego vino Kill Uncle, su segundo álbum solista, aunque el resultado no fue tan alentador. Sus dos discos siguientes los encontraron en su mejor forma. La fluida colaboración creativa con Alain Whyte, su guitarrista durante largos años, produjo Your Arsenal de 1992 y Vauxhall and I de 1994, dos de sus obras capitales.

Después de dejar EMI, su casa discográfica desde los primeros días, el cantautor mancuniano lanzó Southpaw Grammar, un álbum con aires progresivos que desorientó a sus fans. Malajusted llegó en 1997 y, hacia el cambio de siglo, Morrisey se trasladó a Los Ángeles, desencantado de su país y del negocio de la música.

Tras un hiato de años, volvió a la palestra en plena forma con You Are The Quarry (2004), a cargo del productor Jerry Finn. Siguieron Ringleader of the Tormentors y Years of Refusal, nuevamente junto a Finn, que falleció poco después de completar este tremendo disco.

Durante los últimos años, Morrissey ha publicado una celebrada autobiografía y hasta una novela. A mediados de 2015, después de firmar un nuevo contrato con Capitol, salió al mercado World Peace Is None Of Your Business. Tanto en este álbum como en Low in High School, lanzado el pasado 17 de noviembre, cuenta con la ayuda del productor Joe Chiccarelli, su más reciente compinche creativo.

El máximo bardo del indie está de vuelta. A descargar se ha dicho…