twenty one pilots

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Pedro Pablo Siles

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 twenty one pilots LA FÓRMULA DEL MEDIO 

EL HIT DEL VERANO MARCÓ EL CAMINO A UNA DE LAS BANDAS ACTUALES QUE MEJOR LLEGADA TIENE ESTOS ÚLTIMOS AÑOS.
                                                                                                                                                                                                                                                                                        
Aunque poca gente pueda identificar a la banda responsable, la omnipresencia de “stressed out” durante el verano pasado ha sido tan abrumadora que se hace difícil concebir que alguien no haya escuchado la canción en algún momento. La contagiosa melodía se desliza naturalmente desde la lengua más insospechada: “If we could turn back time to the good old days, when our mama sang”. Los hits funcionan así. Se infiltran en los oídos y en la cotidianidad de los oyentes sin ser invitados, sin que el origen esté del todo claro. La industria de la música comercial fabrica éxitos constantemente; algunos son temas memorables, incluso originales, otros son simples artefactos diseñados para impactar. Hay bandas anónimas que logran uno en la vida y jamás pueden dar con el santo grial de nuevo. También hay compositores y productores profesionales que trabajan tras bambalinas creando un sinnúmero de hits sin que el público general conozca jamás sus nombres. El mercado puede ser tremendamente exigente para el autor independiente, y sorprendentemente laxo a la hora de producir música genuina que no obedezca al molde de la temporada. Pero Twenty One Pilots no es una banda que se contente con un éxito, ni con situarse a un lado o al otro del espectro. 

Lo confirman “Ride”, un memorable emo-reggae del último disco, y “Heathens”, perteneciente a la banda sonora de Suicide Squad. Ambas canciones se han disparado en los rankings y han consolidado a este dúo de Colombus Ohio como una de las propuestas más sólidas de la escena actual. Es difícil definir su música estilísticamente pues saltan de un género a otro con soltura y avidez. El pop contagioso se sustenta sobre un ritmo de dubstep, y estalla en un rap veloz que se alterna con un gancho de nü-metal para luego dar cabida a un pasaje folk con ukulele y terminar desembocando en la épica del glam rock. El especial timbre de Tyler Joseph, vocalista, bajista, tecladista y compositor del grupo, da rienda suelta a melodías infecciosas que se alternan con enrevesados estribillos rapeados. Sus letras, en muchos casos escritas en forma de poema antes de la música, oscilan entre la paranoia y la arrogancia juvenil, entre la ansiedad y la fe. 

EL POP CONTAGIOSO SE SUSTENTA SOBRE UN RITMO DE DUBSTEP, Y ESTALLA EN UN RAP VELOZ QUE SE ALTERNA CON UN GANCHO
de nü-metal para luego dar cabida a un pasaje folk con ukelele y terminar desembocando en la épica del glam rock.

Blurryface, la más reciente producción discográfica de la banda, es nada menos que su cuarto álbum de estudio. Los dos primeros, el disco homónimo de 2009 y Regional At Best del año 2011, fueron lanzados de forma independiente antes de que el dúo firmara por Fueled By Ramen, subsidiaria de la gigante Atlantic Records. En ambos puede entreverse una identidad marcada y distintiva, pero le efectividad pop que vendría luego aún no es manifiesta. La creciente respuesta del público general, apuntalada con años de insistentes giras locales y una base natural de seguidores, terminó catapultándolos a las ligas mayores, y en 2013 vio la luz Vessel, su primer álbum para un sello grande. Una legión de productores participó en la nueva grabación, según los requerimientos de cada tema. La fórmula estaba casi lista. Atractivos videos musicales, giras más ambiciosas y un remolino mediático se sucedieron y el camino a la cima pareció allanarse definitivamente.

                                                                                                                                                                                                                                                                                        
Pero este combo explosivo no se dio de la noche a la mañana, o al menos no de la forma en la que tomó al mundo por sorpresa hace unos meses.
                                                                                                                                                                                                                                                                                        

Blurryface viene a ser la culminación de este camino, aunque en términos de masividad no sea más que el principio. Joseph y Josh Dun, ambos cristianos practicantes, no parecen verse afectados en sus creencias básicas a pesar del éxito, pero el alcance y la fuerza de su trabajo han cobrado un filo que antes no poseía, en gran parte gracias al aporte de la fábrica de canciones de la industria. El reto ahora es mantener el fino equilibrio entre la técnica y la inspiración, entre la producción y el viejo arte de hacer canciones.